miércoles, 16 de mayo de 2012

ENTRADA EN LA CEE (1986)

El Presidente del Gobierno, Felipe González, firma en el Palacio Real de Madrid la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea, ante la presencia del Rey Juan Carlos I.
Una vez obtenida la democracia, España se fijó como principal objetivo su incorporación de una vez por todas a las instituciones internacionales, y especialmente a lo que entonces se denominada Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea. Tras varios gobiernos realizando gestiones para su incorporación, le correspondió al Ejecutivo del socialista Felipe González, en su primera legislatura, el honor de ser el que finalmente consiguió la adhesión a la CEE. 
El Ministro de Asuntos Exteriores de aquel momento, Fernando Morán, aseguró en una entrevista publicada en el número 21 da a la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, año 2003, que "La inserción de España en el contexto internacional que le correspondía, Europa, era sentida por la cultura de la restauración de la Democracia como un objetivo esencial. Constituyó una meta de la acción para superar el franquismo, como una garantía del desarrollo económico, social y político y como el complemento indispensable para la construcción de instituciones representativas. El europeísmo fue elemento común y aglutinante de las distintas fuerzas de la oposición y supuesto imprescindible y explícito del momento constituyente. No se trataba solamente de un factor del consenso, sino una de las bases esenciales del mismo. Era necesario insertar al país en su escenario y desde él abordar en mejor posición para defender los propios intereses."
El proceso de incorporación al Mercado Común concluido el 1 de enero de 1986 fue bastante largo y farragoso, tal y como describe Juan Badosa Pagés, en su artículo La adhesión de España a la CEE, publicado en 2005 en el número 826 de la revista ICE: "La negociación de adhesión no fue fácil ni rápida. Se solicitó formalmente poco después de las primeras elecciones democráticas postfranquistas de junio de 1977, y no concluyó hasta la solemne firma del Tratado en el Palacio de Oriente de Madrid el 12 de junio de 1985. En estos ocho años hubo posposiciones sine die, retrasos, retrocesos e incluso momentos en los que parecía imposible alcanzar la meta propuesta. La causa fundamental radicaba en los problemas internos de la propia Comunidad (...) Se temía que la incorporación de un país de tamaño relativamente grande, como España, no haría sino agravar tales problemas internos. Los recelos, e incluso prejuicios infundados, de algunos países a la elevada competitividad de algunos sectores españoles completaban el panorama inicial de la negociación una vez superado el escollo del cumplimiento de las condiciones políticas (régimen democrático) para la adhesión".
Finalmente, el Palacio Real fue el escenario donde se escenificó la firma definitiva de adhesión de España a la CEE. Fernando Morán, en su libro "España en su sitio", lo describió de esta manera: El doce de junio de 1985 firmábamos en el Palacio Real de Madrid el Acta de Adhesión a la Comunidad Europea. Para mí, uno de los signatarios, el acto representaba la culminación de una difícil y laboriosa tarea desarrollada durante 30 de meses de contactos, análisis, discusiones con los Comunitarios y de decenas de sesiones de negociación formal. Era el fruto de un trabajo desarrollado con entusiasmo y rigor. Significaba la satisfacción máxima a que puede aspirar un político de mi generación. Aquel doce de junio de 1985 era la culminación de un largo proceso de vida internacional de mi país. También lo era de mi trayectoria personal.
Las consecuencias de esa adhesión al Mercado Común europeo, institución especialmente económica, fueron bastante positivas en los años posteriores a la incorporación, como aseguró en el año 2001, el que entonces era Director General del Banco de España, José Luis Malo de Molina en su discurso titulado Los efectos de la entrada de España en la Comunidad Europea: "La entrada de España en la Comunidad Europea ha sido, sin duda, uno de los principales motores de la modernización experimentada por la economía española en los últimos quince años. La integración ha supuesto la culminación de un proceso de apertura que se había iniciado algunas décadas antes y que se ha acelerado notablemente desde 1986."
Para completar el análisis de estas consecuencias, el Real Instituto Elcano elaboró en 2006 un estudio titulado 20 años de España en la Unión Europea (1986-2006) en el que se afirmaba que "El producto interior bruto (PIB) por habitante (medido en Paridad del Poder de Compra en euros de 2005) se ha incrementado de forma muy considerable durante el periodo 1985-2005. Desde un nivel inferior a los 8.000 euros por habitante antes de la entrada en la UE, se ha pasado a más de 23.000 euros por habitante en 2005, un 99% de la renta media de la UE ampliada. Durante sus 20 años de pertenencia a la UE, la economía española ha acumulado un crecimiento total del PIB de 17 puntos porcentuales por encima del crecimiento medio europeo (España ha crecido un 64,6% acumulado y la UE–15 un 47,9%). De hecho, el PIB de la UE–15 solamente ha crecido a una tasa mayor que el español durante la recesión de 1992-1994, que fue más larga y acusada en España que en la UE. Por otra parte, la importancia de la economía española en el conjunto de la UE (UE–15) se ha incrementado desde el 8% en 1985 hasta el 9,7% en 2005. En definitiva, la economía española, con un PIB de más de 930.000 millones de euros en 2005, se ha consolidado como la octava economía del mundo y una de las más dinámicas de Europa."

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